Foro Nacional Ambiental

“Sigue caminando conmigo”, carta desde el Himalaya a Juan Pablo Ruiz

Hace cerca de dos años falleció Juan Pablo Ruiz, escalador, ambientalista y empresario colombiano. Su esposa, junto con su familia, hizo un viaje al Everest para honrarlo y descubrir que, incluso en su ausencia, hay guía, enseñanza y amor.

Paola Agostini
12 de junio de 2025 – 08:34 p. m.

Querido Juan Pablo:

Te escribo desde Nepal, desde las montañas que tanto amaste, acompañada ahora por tres de los hijos —Cesare, Livio y Simonpietro (Sipi)—. Vinimos a celebrar tu vida, tus cumbres, tus ideas… y también algunos cumpleaños y logros importantes en familia. Justo 25 años después de la fundación de Epopeya, regresamos al campamento base en la misma semana en la que tú alcanzaste dos veces la cima del Everest: en 2001 y en 2007.

Nos guía Ang Nuru Sherpa, aquel joven que conociste cuando aún llevaba correos entre Katmandú y el Campo Base. Fue quien te acompañó en tu ascenso de 2007 hasta la cima, y ahora nos conduce de nuevo por esos senderos. En 2010 intentamos hacer este mismo recorrido contigo, Sipi y las hijas, pero tuvimos que regresar a los 5.000 metros cuando Sipi, con apenas seis años, sufrió mal de altura. Con Antonia, bajamos contigo de inmediato para no correr riesgos. Manuela continuó hasta el Campo Base, mientras Juana nos acompañaba desde la distancia. Esta vez, llegamos todos juntos.

Dormimos en casas de té, caminamos por los senderos que recorrimos contigo hace quince años. Cada paso es un recuerdo; cada piedra, una conversación contigo. Desde esta altura, siento que estás escalando allá arriba, en las montañas del paraíso.

Recuerdo tu cómic favorito: Tintín en el Tíbet, una historia de amistad y perseverancia. Tintín busca a su amigo Chang, dado por muerto tras un accidente en el Himalaya, y lo encuentra vivo después de desafiar todo pronóstico —y al temido “yeti”. Imagínate que, en el pueblo de Ang Nuru, en pleno valle del Khumbu, el Monasterio de Khumjung conserva lo que afirman es el cráneo de un yeti. Marc te pintó un cuadro en el que tú eres Tintín. La memoria se entrelaza con el presente.

Un mundo incierto, una esperanza persistente

En estos meses, tantas cosas han cambiado. Conflictos, caos climático, instituciones que se desdibujan, consensos y relaciones que se rompen. Y, sin embargo, aquí —en el sendero al Everest— las banderas de oración siguen ondeando. Nepal ha restaurado sus bosques, las casas de té prosperan, los sherpas nos reciben con bendiciones.

La restauración del paisaje, una causa que compartimos profesional y personalmente, gana terreno. Tu visión —que si queremos conservar los bosques, debemos compensar a quienes los protegen— empieza a hacerse realidad. El Tropical Forest Forever Facility (TFFF), liderado por Brasil y presentado en la próxima cumbre climática, refleja ese espíritu: pagar por el bosque en pie. Tú fuiste pionero en luchar por este concepto desde hace muchos años.

El Campo Base del Everest cambia de ubicación cada año, desplazado por el calentamiento global. Pero hay esperanza: el Parque Nacional Sagarmatha reinvierte gran parte de los ingresos turísticos en las comunidades —escuelas, senderos, clínicas, energía. Un modelo que el mundo debería replicar.

 

Celebraciones, nacimientos, homenajes

Han ocurrido cosas hermosas y algo mágicas desde que te escribí la última vez, hace seis meses:

• George y Cathy donaron a Rainforest Trust en tu memoria: 120 hectáreas en la reserva Andinobates-Boquerón, en Caldas, ahora están protegidas permanentemente, como tributo a tu vida y legado ambiental.

• En la reserva Encenillo, en Guasca, la Fundación Natura dio tu nombre a uno de sus senderos –el sendero de Juan Pablo Ruiz– en homenaje a tu legado.

• El café de nuestra reserva natural de RESNATUR en Machetá — Naranja, Café y Pimienta— cultivado bajo los árboles que tú ayudaste a sembrar, fue clasificado como “excelso”.

• Marcelo y Machado publicaron un libro que parece hablar de ti también: ¿Para qué fácil, si puedo hacer lo difícil? y habla de qué sentido tiene escalar las montañas más altas del mundo. Lo lanzaron en Café y Crepes.

• “El Camino de Juan Pablo”, en la finca silvopastoril El Cubo de Natalia, reverdeció tras el verano, mostrando la resiliencia de estos sistemas que tanto defendiste.

• Cesare ya acabó su doctorado y se casa con María Paula, una joven mujer santandereana; Jorge, “el paisa”, con Maureen, una ítalo-americana; Livio trabaja con vehículos eléctricos —quizá algún día tengamos uno en Machetá, como soñabas— y vive con su novia canadiense-guyanesa; Sipi escaló el Aconcagua, es el Presidente de la Sociedad de ingeniería de Materiales de su Universidad y tiene novia colombo-británica.

• Camilo y Olga estuvieron en Florencia para la fiesta de cumpleaños de mi prima Maria Paola, que siempre recuerda tus cuentos de montañas en San Sicario durante la pandemia.

• Y yo, por mi parte, logré que se aprobara un programa integral de adaptación al cambio climático y resiliencia de los paisajes degradados en África –el Sahel RESILAND–, una región cada vez más desértica e insegura, pero fascinante y joven. Su eje central es la relación entre el manejo sostenibles de los recursos naturales –como el agua, el suelo y los árboles– y la prevención de conflictos, un tema sobre el cual tú y yo conversamos tantas noches en nuestra reserva en Machetá. Este programa también evoca la idea de una “Paz con la Naturaleza”, promovido para Colombia en la COP de Cali y para ti desde los años del Inderena y del Sumapaz, junto a Marisol y Martín Emilio y muchos otros/otras.

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